
Un hombre y su sombra caminan de la mano por la acera y la fachada
El tráfico de la Habana
Cruzando la Calle
Marcando el suelo con tiza
Bandera de los EEUU a través de ventana de Cadillac
Vueltos hacia la luz
Comprando en pesos cubanos
Hombre tranquilo a punto de ser devorado por un dragón 
Jugadores de dominó de 66 fichas
Bar El Brillante
Una botella de Ron
Comité de defensa de la Revolución #1 "Jesús Menéndez"
Ahora estamos cada uno por su lado
50 años de victoria de la Revolución
Vestido blanco
Jugando a las cartas con Camel y con Marlboro
Atardecer
La parte femenina de la familia de Betty
El altar Santero de San Lorenzo ó
San Lorenzo y La Pantoja vestidos para irse de farra
Arreglando bicicletas
Hombre a punto de ser devorado por su coche
"Ahora hay que conformarse con mirar y el jarabe de miel"
La disidencia
Condón a 0.15 pesos
Habana Centro
En algún lugar de la ciudad
Locomotora I
Locomotora II: Empresa Azucarera G.A. Mañalich
Locomotora III
Calle de la Habana
La metamorfosis y la plaga que vino después
Detrás de la pelota
Cuidando de la mercancía
Haciendo cola para entrar a una de las tiendas de ropa más exclusivas de La Habana
Discutiendo de pelota en la "Esquina Caliente"
Patinadores en primer plano, al fondo cazaturistas al acecho con botella de ron 
Turistas
Limpiando un pez espada
Pescando en el Malecón
Pescador de la playa de Guanabo
Club Social
Esperando a que empiece el baile
El cantante
Los bailarines
Los metales
Los bebedores de ron
Top Cat
sábado, 9 de mayo de 2009
La Habana: Cruzando la Calle
Publicado por canicaroja en 23:29
Etiquetas: Never Ending Tour
domingo, 5 de abril de 2009
Humanos en el caladero de Gran Vía
Lo que salió de un taller de fotografía: "Reportajear Humanos" con Ricardo Cases.
Algunas no se aún ni cómo las he hecho, pero ahí están.













Publicado por canicaroja en 23:16
Etiquetas: El mundo es un globo en el que vivo yo
domingo, 8 de febrero de 2009
Al sur del Atlas I: cruzando la cordillera
Marruecos, primeros días de enero de 2009
Viaje en 4x4 desde Marrakech, 7 dias
Cruzando el Atlas
En este viaje hemos hecho muchos kilómetros de coche, con poco tiempo para investigar un poco más allá de la carretera. Las montañas del Atlas y el desierto de arena cerca de Argelia son preciosos, pero lo que mas me ha impresionado, porque nunca lo había visto, son los enormes palmerales que aparecen en algún valle y por encima de todo el desierto de piedras: afiladas y de colores grises, pequeñas piedras sueltas cubren el paisaje hasta donde se pierde la vista. Donde las colinas se interponen, parecen gigantescas escombreras de material minero.
El viaje comienza en Marrakech. En un día soleado y alegre cruzamos el Atlas. Hacemos paradas breves para comer, recibir la explicación y el bautismo en la ceremonia del té en la casa de una familia, ver el paisaje, ir al baño, echar un cigarro... Vamos ocho personas en el todoterreno: Mustapha el chofer y dos familias. Uff, hemos tenido suerte, menos mal que nos llevamos bien, porque si no esto iba a ser duro!


Al atardecer nos metemos debajo de la sombra de las montañas. Desde el coche vemos a la gente caminar al borde de la carretera. Concentrados en su camino, marcan un ritmo constante y sin altibajos. Las más lentas son algunas mujeres, dobladas como alcayatas, que suben o bajan cargadas de enormes atados de leña y ramas de arbustos. 
En los pueblos hay más sosiego y los hombres conversan de pie o se sientan en las puertas de las casas mientras investigan los rostros de los que pasamos por la carretera. A veces las miradas se quedan enganchadas, pero no hay tiempo, solo puedes hacer un saludo o sonreir. A menudo ni te da tiempo a reaccionar.
Cuando la carretera se separa lo suficiente del talud se encajan puestos de venta de cerámica, minerales y fósiles que se sostienen sobre plataformas hechas con rocas y postes envejecidos por el frio y la lluvia. No dan la impresión de ser muy consistentes, aunque tienen que serlo. Cuando nieva, llueve o simplemente refresca no se ve un alma, los tenderetes están demasiado expuestos buscando el mejor sitio para atraer la mirada de los que pasan en los coches. Sus dueños aguardan unos metros más allá, en pequeños refugios en los que se calientan a la espera de que un coche se detenga. Los nuestros no, la caravana de todoterrenos sigue una órbita balística determinada de antemano.


Llegamos al puerto, a más de dos mil metros de altitud, justo para ver la puesta del sol. Hemos cruzado sabinares de troncos grises y retorcidos. Por encima de nosotros las cumbres están nevadas. Al otro lado emerge un rebosante embalse de nubes y el sol se está ocultando sobre olas que se mueven a cámara lenta. 
Mientras algunos se toman un café, otros contemplan las nubes. La niebla va y viene. Un hombre joven merodea en torno a nosotros sin acercarse demasiado. Está envuelto en un montón de mantas, pero lleva las pantorrillas al descubierto y usa unas sandalias o botas rotas y mal calzadas. Entra en el café y vuelve a salir. Al final, mientras la gente espera para volver a subirse a los coches, alguien le alcanza un cigarrillo. Lo enciende y fuma, ausente de todo lo que ocurre a su alrededor. 
Nos zambullimos en la niebla y la oscuridad va creciendo a medida que nos hundimos el valle. Al poco rato ya no se ve nada y me concentro en la conversación para ayudar al coche a llegar antes a su destino.
Publicado por canicaroja en 23:33
Etiquetas: Never Ending Tour